Bienvenido a la cama del dolor,
donde los gritos son
gloria y se escuchan hasta el balcón del tercer piso.
Donde puedes retorcerte a gusto de soledad en un suicida y
frío diciembre…
Como si fueses especial.
Bienvenido, bienvenido, gritan las sabanas que son delgadas,
No para cubrir el frío, sino para cubrir tu alma que despierta
cada mañana
Abrazada al grito final, lo único que puedes esperar,
Es a guardar la calma.
Una o dos de la mañana
y las tripas retorciéndose
El hambre y la impotencia perfecta compañera
Hay cenizas en el fondo del vaso,
Pero por hoy no quisiera otro trago,
El estomago, el alma como un puto keenex mojado, estropeado.
Por aquí todo bien, la brisa de la mañana, que se cuela por
la ventana
Como si fuese una hoja de afeitar, navajeando cada parte de
tu cuerpo,
La música, el jazz que alguien escucha en alguna otra parte
Hace menos pesada la agonía…
Estoy listo para el final.
No te pongas muy cómodo,
Necesitas beber algo,
Con el triste dolor de espalda,
Con la cara bajo la almohada,
Babeando casi inconsciente ya casi llega el alba…
Casi como inesperado, casi aburrido, casi chasqueando para
moverte.
Bienvenido a la cama del dolor,
donde el sexo anal es gloria,
donde nada más importa,
donde las putas se pagan solas,
donde te hundes lentamente,
donde te quiebras el alma,
donde puedes divertirte sin costo alguno,
donde vas o donde vienes,
donde no es necesario humillarse para sentirse bien,
donde la sangre de las heridas de las muñecas se funde
lentamente con las sabanas rotas…

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