
Ella, una pequeña soñadora, de ojos alegres, romántica, dispuesta a cambiar
las lágrimas de cualquier persona por una sonrisa. Él,
un joven mayor, muy reservado, callado, mirada triste y de caminar cansado, parecido al del hombre que lleva caminando mucho sin encontrar aún
su camino.
Aquel día en el que se conocieron la tarde era gris, como si presagiara un desastre, el ambiente parecía triste y hasta el cielo dejó caer unas gotas que más bien parecían lágrimas.
El
lugar del encuentro fue un bar, uno de los tantos que albergan sueños rotos
y amores de una noche. Él había llegado antes, se encontraba sentado
al fondo, solitario y con la mirada distraída aunque estaba rodeado
de amigos el parecía estar solo. Entonces ella entro, miró a su alrededor
pero sus ojos se posaron sobre aquel joven tan extraño y sintió
como el tiempo se detenía... todo se esfumaba menos él. Ella
lo observaba mientras bebía su cerveza desesperada y celosa por no saber
quién era él y por qué no podía quitarle los ojos de encima, así pasaron
una, dos o tal vez horas más, él perdido en su mundo y ella deseando
entrar en él.
Así
pasó una hora más y él se levantó de su silla, ella a lo lejos vio como
a poco se iba despidiendo de aquellos amigos con los que iba. Pocos minutos después
él salió y ella sin pensarlo fue detrás de él.
Él
a pasó lento iba caminando por la calle con la mirada agachado solo de vez
en cuando alzaba para cruzar una avenida, ella le seguía como su sombra
hasta que no pudo más y con un –Oye espera- lo detuvo él con cara de
susto volteo y fue ahí cuando sus miradas se encontraron por primera vez.
Él desconcertado pregunto -¿Quién eres?- ella titubeando le dijo
–Yo, yo te miraba en el bar y te seguí hasta aquí al menos quería saber
el nombre del joven que había congelado mi mundo por unas horas-.
Él la
miraba de forma extraña pero encantadora él con una sonrisa le dijo su
nombre. Caminaron juntos un rato ella le confesaba sentirse tonta por “acosarlo”
pero no se resistió ella miró y la calló con un beso, ella le correspondió
en ese momento comenzó la desdicha para ella pues sus besos se
volvieron su adicción, en ese instante nadie más existió para ella.
Se
hicieron pareja ella lo amaba cada día más,pero él, él era otra historia.
Él
le decía –Te amo- pero el parecía ausente intentado ver en ella a la mujer
que había perdido. Ella no hacía otra cosa más que amarlo y tratar de
borrar el recuerdo de la mujer que lo había herido pero como era de esperarse,
no funciono. Así pasaban los días y ella cada vez se sentía más
triste, se sentía como si no fuera importante, su sonrisa se desvaneció
y el brillo en su mirada se esfumo. Él sumido en sus recuerdos
nunca se dio cuenta de que ella moría por él pero él ya estaba
muerto, era un cadáver que caminaba y respiraba pero no vivía, su alma
decidió abandonarlo desde que su amada le dijo adiós…
El resto de la historia no importa, tal vez ni la historia en sí, pero alguien debía contarles porque la pequeña soñadora murió.
El resto de la historia no importa, tal vez ni la historia en sí, pero alguien debía contarles porque la pequeña soñadora murió.
Simplemente.... Deleitable... me encanto, pequeñas situaciones que suceden en la vida diaria plasmadas de una manera tan encantadora y realistas. El mundo no esta plagado de historias felices, esta plagado de decepciones, tristeza y amargura, pero aun asi hay pequeños momento donde nadie mas importa, donde la felicidad es desbordante a pesar de estar conciente que no durara. Muy bueno, espero que sigas escribiendo mas Aini GS. Saludos.
ResponderEliminarMuchas gracias por tomarte el tiempo de leer lo que escribo y aún más por tomarte el tiempo de comentar. Muchas gracias, eso me motiva a seguir haciéndolo.
EliminarGenial :) seguire esperando por mas con ancias.
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