Esa mirada, esa mirada que desborda deseo y
locura hace que mi cuerpo se paralice ante tanta adrenalina producida en un
instante, ese instante, nuestro instante. Tu camisa desabotonada, tu blanca
piel reluciendo en la oscuridad, tu respiración agitada cortando el silencio
que nos rodea, toco tu piel húmeda por el sudor, recorro tu espalda con mis
besos, hago de nuestros deseos un verbo. Somos dos, somos uno unidos en una
pequeña muerte que paraliza nuestros sentidos, ya no somos, existimos en otro
tiempo, quizá otra vida o simplemente morimos. Te veo, te toco, te vuelves a estremecer,
no te controlas, te vuelves otro, me tomas del cuello, me muerdes, una sinfonía
de gritos, risas, gemidos, el sonido de tus manos golpeando mis nalgas,
solamente nos rodea el dulce sonido que hacen nuestros cuerpos desnudos. Me
encantan tus vulgaridades, me encanta tu pose de serio, de bien portado, porque
así nadie se imagina lo que escondes tras esa sonrisa, así nadie imaginaría las
perversiones que escondes debajo del pantalón… Te imagino, con tu blanca y
cálida piel, desnuda, como un lienzo en blanco listo para empezar a dibujar en
él, pintarlo con caricias de mil colores, colorearlo con besos. Quiero que
seamos unos sin dejar de ser dos; a un mismo tiempo, a un mismo latido, a una
sola respiración, unir nuestras voces en un solo grito. Tómame, soy tuya,
muéstrame tus secretos, no sólo quiero hacer el amor contigo, quiero que
creemos pequeños universos.
Está por demás decirte que eres mi fantasía,
que me hace falta tu cuerpo, tus caricias, tus besos y mordidas. Extraño tu
respiración agitada, tus palabras sucias susurradas locamente en mi oído, tus
besos quemando mi cuello, tus manos haciendo que me pierda en tu juego, ese
juego en el que no me importa rendirme.
Soy tuya, tómame una vez más, hazme morir, haz
que sangre el cielo con nuestros gritos, soy tuya, tómame.

